Tras
el paso de guerras que devastaron países completos y posteriores a esto años
de industrialización y estandarización
en el habitar comenzaron a gestarse movimientos rupturistas que quisieron
desmarcarse, y comenzaron a darle una vuelta al origen del habitar y vivir. Así
comienzan a organizarse en comunidades que comienzan a pensar en cómo ellos
viven y las necesidades propias de cada uno para diseñar y posteriormente
construir sus hogares.
Como principal
eje motor de la Bioconstrucción es considerar que debemos ser conscientes (y es
nuestra responsabilidad para con las futuras generaciones) de que todo lo que
un ser vivo realiza repercute en los demás, vivimos en sinergia con el entorno;
de tal manera que una acción nunca
permanece aislada sino que provoca reacciones, tangibles o no, a mayor o menor
plazo de tiempo, en todo lo que la rodea, extendiéndose su efecto del mismo
modo que las ondas que provoca una piedra al caer en el agua. Así todas
nuestras acciones son importantes, inciden en el resto de los seres y del
planeta y repercuten mucho más allá de ellas mismas. Esta conciencia de que el
planeta es nuestra casa y es nuestra responsabilidad cuidarlo, preservarlo y
mantenerlo a él y a los seres que lo habitan en óptimas condiciones para
producir salud y felicidad, debe irse trasluciendo en toda actividad humana.



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